Yo también me equivoco al viajar

image1

No hay viaje perfecto.

Parece una obviedad pero conozco gente que se estresa demasiado por cosas que no son tran graves y que tienen solución. Sin embargo, sí hay que tomar en cuenta que hay imprevistos que pueden prevenirse con la planeación y el conocimiento adecuados. Y si ocurren, no pasa nada: lidiar con todo es parte de la aventura. Estas son algunas anécdotas que lo comprueban. Se las comparto porque aprendí mucho cuando las viví y me han servido para planear mejor 🙂

1. Perdí un vuelo de conexión en un viaje multidestino y por no avisar a la aerolínea estuve a punto de perder el resto del trayecto.

Enlisto esta anécdota en primer lugar porque fue la más cardiaca de todas. Aquí los hechos: mi marido, mi hermana y yo compramos un vuelo México-Verona (con escala en París) y el regreso era Roma-París-México. El plan inicial era tomar un crucero que salía de Civitavecchia (a donde llegaríamos en tren desde Verona) y pasar por Egipto e Israel. Sin embargo, por el inicio de la Primavera Árabe, la naviera canceló el recorrido. Primero nos decepcionamos, pero luego decidimos ir a Medio Oriente por nuestra cuenta (vía aérea y terrestre). Sin embargo, eso requirió un nuevo cambio de itinerario: en nuestro nuevo plan no volaríamos a París desde Roma, sino desde Grecia.

Éste fue el primer error: pensar que perderíamos ese vuelo y no pasaría nada. Todo el viaje fue maravilloso… hasta que regresamos a París para volver a México. Cuando hicimos el check-in, la aerolínea no nos tenía registrados. Una encargada nos dijo que nuestro vuelo se había cancelado porque no tomamos el trayecto completo (no completamos el vuelo Roma-París). Es decir: cuando uno compra un boleto de avión multidestino, debe completar todos los viajes establecidos al pagar la tarifa. De lo contrario, se toma como una cancelación y hay que pagar una penalización.

Como nosotros no avisamos ni pagamos, Air France nos anuló del vuelo y una oficinista extremadamente grosera nos dijo que debíamos pagar 400 euros por persona para poder viajar. Obviamente queríamos llorar. Sin embargo, utilizamos un error de la aerolínea para negociar: el vuelo de México salió varias horas retrasado, así que perdimos la conexión a Verona y llegamos un día después de lo planeado, por lo que la noche de hotel que ya habíamos pagado, se perdió. En medio de las prisas, nunca reclamamos.

El día de la pelea con la empleada grosera en París, hablamos con uno de los gerentes de Air France y le dijimos que nos gustaría una compensación por ese retraso, y él accedió a reinstalarnos en el vuelo sin cargos. Fue pura suerte, pero el susto de pagar 1,200 euros cuando ya gastaste todos tus ahorros en el viaje fue HORRIBLE.

Conclusión: no compres boletos de avión hasta que estés 100% seguro del viaje que harás. Y, si por alguna razón debes cancelar, avisa a la aerolínea con anticipación, para que estés al tanto de la penalización que deberás pagar.

2. Viajé a un destino africano sin embajada de mi país y no avisé a la oficina consular más cercana. Mi esposo sufrió un accidente, y de haber sido de gravedad, habría sido difícil localizar a alguien que nos ayudara.

Creo que esto no se me va a olvidar nunca. En diciembre de 2015 viajé a Etiopía con mi marido y en las ruinas de Lalibela se resbaló y se dislocó el hombro. No sé cómo explicarles el miedo que sentí. La ciudad está a una hora de avión de la capital y sólo hay tres vuelos semanales. En el tiempo que pasamos ahí no vi un solo hospital ni una sola farmacia. La zona es pobre, con muchas casas de lámina y pocos caminos pavimentados. Las únicas edificaciones que se veían nuevas y confiables (ante mis ojos prejuiciosos de extranjera) eran los hoteles donde se hospedaban los turistas.

La verdad entré en pánico y aunque sólo era un hombro dislocado y no una fractura o algo peor, me angustié por una serie de cosas que no consideré antes de viajar. Aquí las dos que me parecieron más importantes.

Contratamos un seguro de viaje desde México, pero nunca investigué cómo funcionaba. No tenía teléfono a la mano ni sabía qué proceso seguir para pedir atención médica en caso de que mi marido se sintiera mal. No investigué clausulas ni consideré deducibles. No sabía qué hospitales o médicos podrían ayudarnos. Error.

Segundo factor a considerar: en Etiopía no hay embajada de México y por cualquier imprevisto debí de haber notificado de mi viaje a la embajada de Kenia. Según me explicó una amiga que trabaja en el Servicio Exterior, al viajar a un territorio donde no haya una oficina consular de nuestro país, es importante notificar a la más cercana. En caso de una guerra, un atentado o una situación grave que implique que alguien nos tiene que sacar del país (ejemplo, muerte de un familiar), es necesario que esas gestiones se realicen con apoyo consular. Pero, claro, yo no sabía nada de eso.

Al final pasó lo impensable: Alejandro se acomodó el hombro él solo (por favor, no me pregunten cómo lo hizo) y bastó con medicamentos que nosotros traíamos y un trapo para inmovilizarle el hombro para seguir adelante con el viaje mientras volvíamos a la capital.

Creo que tuvimos buena suerte de que no pasara a más, pero con esa experiencia aprendí lecciones para prevenir y estar alerta en caso de que sea necesario resolver una emergencia.

3. Pasé por alto la puntualidad británica en una estación de tren.

Alejandro, mi hermana y yo estábamos en Londres e íbamos a tomar un tren rumbo a París. Compramos los boletos con un día de anticipación y la vendedora me dijo que teníamos que llegar dos horas antes para hacer el check-in, pero asumí que era una exageración y llegamos 15 minutos antes, como a cualquier otra estación de Europa. ¡Error! El tren estaba a punto de salir y teníamos que pasar tres controles de seguridad: pasaporte, revisión de equipaje y checkeo de boletos. Corrimos como si nos estuviera persiguiendo el diablo. Nos faltaba el aire, nos dolían las piernas, pensamos que no habría manera de alcanzar el tren. Como los guardias nos vieron, nos preguntaron qué pasaba. Una empleada de la estación vio nuestros boletos y nos ayudó a brincar las filas y pasar rápido. Si no hubiera sido por ella, habríamos perdido el tren. Tan pronto subimos, comenzó a moverse, como en una escena de película cómica. Conclusión: sigue las instrucciones que te den los ingleses al pie de la letra.

4. Creí que podría subirme al metro sin pagar boleto (y sin ser descubierta).

Era 2001, yo tenía 15 años y era mi primera vez en París. Viajaba con compañeros de la escuela y llevaba poco dinero. En un arranque de estupidez, nos pareció inteligente usar un boleto del metro y cruzar el torniquete de ingreso ‘de tres en tres’ para ahorrar. Tuvimos suerte durante una semana y pasamos desapercibidos, pero una noche nos topamos con guardias que estaban a las afueras de la estación para comprobar que cada pasajero tuviera su boleto. Cuando nos descubrieron, nos dijeron que tendrían que llevarnos a la estación de policía. Lloramos y accedieron a darnos una fianza (¿soborno?). Ya no recuerdo el monto (en ese entonces aún se utilizaban los francos), pero sí sé que fue tan alto que me quedé pobre el resto del viaje. Aprendizaje 1: no te arriesgues y paga por cada viaje que hagas en el metro. Aprendizaje 2: imprime el comprobante de los boletos adquiridos en las máquinas y guarda siempre los boletos usados, por si un supervisor lo solicita.

5. Pude haber manejado a través de una hermosa carretera griega con vista al Golfo Sarónico, pero olvidé tramitar una licencia internacional.

Ya sé, uno no debería quejarse de los happy problems, pero Grecia es uno de los países más lindos que he visitado y el día que fui al Templo de Poseidón desde Atenas ha sido uno de los trayectos más hermosos que he visto. Sin embargo, la experiencia pudo haber sido mejor con un poco de planeación. Alejandro, mi hermana y yo volamos a Grecia antes de sufrir el incidente de Air France que comenté en el punto 1. Durante nuestro segundo día en Atenas, fuimos a una agencia de coches para rentar un auto y manejar hasta Sunio. En varios blogs de viaje leí que era la mejor manera de llegar, pues en el camino la vista del mar es preciosa. Oh, sorpresa. Por no haber adquirido una licencia internacional antes del viaje, la encargada del car rental nos dijo que no era nada recomendable manejar, pues si un oficial nos encontraba manejando sin licencia, podríamos acabar en la cárcel. Por lo mismo, tuvimos que hacer todo el trayecto en un autobús sin aire acondicionado y lleno de estudiantes que volvían de la playa. El calor era infernal. Sentíamos –literalmente– que estábamos a punto de desmayarnos. Hay algunos países que aceptan la licencia de tu país de origen, pero no es el caso de Grecia. Moraleja: si haces planes de este tipo investiga antes de llegar a tu destino.

6. Pude haber viajado con la mitad de lo que empaqué.

En 2009 viajé con Alejandro a Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo e Italia. Hicimos todos los trayectos en tren, pero durante casi un mes nos persiguieron las consecuencias de nuestra mala planeación: el sobreequipaje. Como viajamos en invierno, cometimos la locura de llevar DOS maletas grandes cada quién. ¡Dos maletas grandes cada quien! La pasamos tan mal arrastrándolas por las calles con hielo y subiendo y bajando de los trenes y hoteles sin elevador que ahora estoy obsesionada con el travel light: desde aquella experiencia concluí que uno sólo debe cargar con lo indispensable y ahora –sin importar el tiempo que esté fuera– sólo viajo con una maleta de ruedas que pueda llevar en cabina. Esto es en serio: no necesitas ningún “extra” cuando viajas, y menos a Europa. No lleves cosas innecesarias como un suéter “por si acaso” o un costurero o alguna tontería así. NO lo vas a usar y sólo sufrirás cargando de más.

7. Creí que volar sería más barato que tomar tren durante un viaje a Europa. 

En primavera de 2014 viajé a Europa con mi hermana. Pasamos por Londres, Islandia e Irlanda y compramos vuelos casi regalados, pero a la larga no fue lo más práctico para nuestros ahorros. Volar parece algo muy sencillo, porque es relativamente barato y rápido, pero además hay que considerar el tiempo de espera en aeropuertos, el tiempo que toma el recorrido desde el centro de la ciudad y lo que uno gasta en transporte para lograrlo. Londres, por ejemplo, en una ciudad carísima. Un camión cuesta al menos 10 libras de ida y 10 de regreso (y el trayecto toma una o dos horas). Y, si se quiere tomar un servicio exprés, el costo puede elevarse hasta 40 libras. Además existe la posibilidad de perder el equipaje y que los vuelos se retrasen o cancelen. Durante ese viaje perdimos mucho tiempo y dinero en conexiones, así que al final no ahorramos tanto como pensaba. Conclusión: en una región como Europa, procura viajar en tren. Planea tus vacaciones en una zona que abarque pocos países, compra un pase con Rail Europe y aprovecha el tiempo de tus vacaciones descansando o disfrutando de un destino, en lugar de perderlo en aeropuertos y realizando gastos de transporte que mejor podrías emplear en una buena cena con tu compañero de viaje.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s